Capítulo 14: La Noche de Sidney
Tras la masacre de Sidney, Raymundo intenta volver a la rutina, pero el trauma no lo suelta. Entre una oferta imposible de rechazar, un héroe que no es lo que aparenta y una amiga que no lo deja solo, deberá decidir quién quiere ser.
Varios días pasaron desde aquella plática entre Raymundo y Nightective en la Gran Sala Continental, el haber reflexionado acerca de lo mucho que podía afectar su actuar a las misiones de sus compañeros le hizo obligarse por varios días a estar mucho más alerta de su entorno y las cosas que sucedían a su alrededor, evitando en el camino el perderse en cualquier crisis emocional.
Ahora, Raymundo enfrentaba más al monstruo burocrático que representaba la vida adulta, pues su primer mes bajando dentro de la OIPS de manera completamente formal, había finalizado.
—¡¿Cómo que no me pueden depositar?! — preguntó enfadado a la secretaria tras recibir la noticia.
—Aaash, oye, creo que esto va para largo, ¿me esperas o te vas sola? — le preguntó a Cynthia quien permanecía a su lado.
Ella se contrajo un poco, pero no tuvo tiempo de responder, pues la secretaria se adelantó para hablar antes que nadie.
—Yo te recomiendo que te vayas pero corriendo, sino no vas a alcanzar hoy. Ve, armas rápido tu nómina y me la mandas por correo, es sencillo, para casi todos es lo mismo, veinticuatro misiones rango C, quinientos pesos y si hubo bonos o extras los añades, estas las timbro mañana a las ocho de la mañana así que si tengo tu archivo escaneado y firmado antes de esa hora, también lo voy a mandar, ¿sale? — le dijo tratando de sonar paciente pero la fuerza e insistencia con que golpeaba sus uñas contra el escritorio explicando cada tema expresaba su enfado.
Raymundo asintió con la cabeza y muy apenado le hizo a Cynthia un ademán con la cabeza indicando irse, saliendo juntos para tomar el camión hasta su edificio.
—¡No puedo creer que te puedan retener pagos por algo tan estúpido! Es solo un papelito, ni que estuvieras evadiendo impuestos, eso si sería malo, mi tío evadía impuestos allá donde vivíamos y noooo tienes idea de la que le cayó, creo que sigue preso, espero se encuentre bien y… — se quejaba Cynthia antes de quedarse sin aire y tener que retomarlo inhalando con todas sus fuerzas.
Raymundo, quien a diferencia de Cynthia que iba sentada en un asiento individual en el camión, iba sosteniéndose del tubo, no pudo evitar reír pensando que de hecho, no presentar documentos fiscales si era evadir impuestos.
—Jajaja, respira… pero si tengo que hacer eso rápido. Lo malo de esta ciudad es que es gigante — dijo pensativo mientras miraba su reflejo en las ventanas, lucía cansado y sus ojeras le disgustaban cada vez más, pero le servían de recordatorio para no perderse.
—Y encima hoy si debió doler, no tuvimos que hacer nada, fue dinero gratis — respondió Cynthia mientras estiraba sus brazos para acurrucarse en el asiento.
—Si, ese tal… ¿Jackpot?... últimamente hay muchos rostros por aquí y por allá… supongo que la apertura a la convocatoria de aquellos ha traído a héroes a todas partes — dijo mirando un llavero que traía Cynthia en su mochila, era el logo de The Five Continents.
—Cierto, ojalá sigan habiendo muchos así, no me gusta… trabaj-ar — respondió la chica con tono apagado mientras de a poco se iba quedando dormida.
Ambos se despidieron en el elevador y Raymundo subió hasta su piso, pero en cuanto este abrió la puerta, miró en su puerta al Coronel Antonio Levi, miraba su teléfono mientras impacientemente golpeaba el suelo con la punta de su pie.
Su presencia shockeó de golpe a Raymundo y aquel camino de apenas seis departamentos hasta su puerta pareció hacerse eterno de golpe y volvió a sentir el mismo miedo y coraje de la vez en que fue a ofrecerle unirse al equipo continental. Cada paso que daba se sentía pesado y una enorme sensación de presión en el pecho se apoderó de él.
Aquel hombre, apenas levantó la mirada, hizo un gesto de saludo militar, colocando su mano en la frente, al tiempo que hablaba y le estiraba la mano, sólo que Raymundo, quien cada vez se acercaba más, no lograba escuchar nada de lo que decía, hasta que molesto le gritó.
—¡Soldado Mata, Salude a su Coronel! — con tono de enfado que hizo aterrizar de golpe a Raymundo.
—¡S-si lo, siento! — dijo de forma nerviosa, saludándole de regreso. —Yo solo.. — y en eso, su cerebro hizo un click que lo desconectó de la situación.
—Sólo tengo que enviar un documento — respondió totalmente ido, abriendo la puerta de su departamento y dejándola abierta.
Esto desconcertó a Levi, quien decidió pasar mientras veía como Raymundo, de manera totalmente automática entraba a su departamento, abría su laptop y comenzaba a redactar una hoja de cálculo con datos fiscales.
—Eh… Soldado Mata, solicito su atención — intentó decirle, sin obtener respuesta.
—Y el RFC… y el motivo y mi razón social… — susurraba sin prestar atención al Coronel que tenía detrás.
Levi se sintió ofendido y desconcertado al mismo tiempo, por lo que tomó agresivamente de la silla y lo miró directamente a los ojos.
—¡Soldado Mata, usted siendo de rango tan bajo, no debería estar ignorando a su coronel! — reclamó con un grito, obligando a Raymundo a regresar de nuevo, pero para su sorpresa, este le había devuelto una mirada muy enfadada.
—Y usted no debió haber continuado en ese cargo — respondió Raymundo confrontando directamente al Coronel.
Levi se sintió sorprendido, no solo por ser confrontado, sino porque entendía de dónde venía aquella rabia y sintió que aquel enfado de hace meses seguía prácticamente intacto.
—Me recuperé de lo sucedido en Sidney, pero desde entonces no he podido tener una vida normal. Siempre pensando, siempre… recordando. — Empezó a reclamar Raymundo, parándose de su silla para quedar frente a frente aquel hombre que tanto le afectaba su presencia.
—Desde el juicio de Mindyblur, no hacía más que ver las noticias y escuchar Coronel Levi por aquí y Coronel Levi por allá, todos los días, el nombre del hombre que nos mandó a morir por… ¡No tengo idea de porqué! —Dijo gritando. —Y me jodió por completo… mientras usted… usted seguía con su vida — terminó antes de sentarse en su cama, solo para comenzar a limpiarse las lágrimas con rabia.
Levi se quedó callado tras verlo explotar, para él, quien su último recuerdo era uno de un joven armándose de valor para rechazar una oferta, este contraste le hacía ver de golpe una realidad para la que no estaba preparado. Un soldado completamente destrozado, encima, por una situación que no tuvo que vivir.
Tras sentirse acorralado, dio un par de pasos para ponerse frente a Raymundo, centrando su mente, pues al final recordó que venía para una misión.
—¡No voy a tolerar más insolencia, Señor Mata! — respondió tratando de conservar el dominio de la conversación, apuntándole con su dedo. —Una misión riesgosa, trágica, puede ocurrir cualquier día y en un equipo tan riesgoso, seguido pasa. Así que no voy a dejar que me hable de esa forma, sólo porque su síndrome del superviviente no le deja dormir tranquilo. — dijo respondiendo tajantemente a los reclamos de Raymundo.
—Entonces diga a qué vino y déjeme ser el mismo soldado común y corriente de todos los días — le respondió con el mismo tono, sin soltar la mirada, que para este punto ambos parecían luchar por quien tenía el ceño más fruncido.
Finalmente, el primero en ceder fue Levi, quien apartó la mirada para poder hablar sin estar ante la presión del conflicto. Puso sus manos detrás de él y se giró hacia la ventana directamente.
—El comité estratégico me mandó a visitarte para invitarte de nuevo a unirte al equipo rango Continental. Tal y como le mencioné hace dos meses… nos conviene tenerlo en el equipo, porque intentaremos reabrir el caso de Mindyblur para que pueda tener libertad — comenzó diciendo.
La atención de Raymundo se dirigió de nuevo a Levi en el instante en que mencionó a Mindyblur y a su mente llegó de golpe el rostro de aquella mujer en el momento en que tuvo que dejar la mente de Lyam Murphy para salvarse a sí mismo.
—¿Cómo que lo van a reabrir? Pero si la evidencia se desestimó por…
—Por miedo del Juez. No puedo decir mucho… pero si el motivo de que te necesitemos… y es que se realizará una operación a uno de los puntos de entrada a la dimensión mágica — dijo tratando de mantener la mayor cautela con sus palabras. —Y rescatar a Mera Murphy…
Esto para Raymundo fue un choque instantáneo, no supo qué responder y el pensar en aquella niña secuestrada le hacía sentir un vacío que le recordaba a todos sus extraños sueños.
De pronto, otro pensamiento inundó su mente, pues era la primera vez que Levi mencionaba algo acerca de la magia y de pronto, aquel momento en que rechazó la propuesta de entrar al equipo Continental tomó un tinte demasiado sospechoso.
—Usted, ya conocía la magia ¿Verdad? — Preguntó con Cautela. —Me creyó cuando dije “Magos” y también, acaba de mencionar los puntos de entrada a una dimensión… ¿mágica?.
Levi se giró para encontrar sus ojos nuevamente y solo asintió lentamente, pero sin dar una respuesta directa.
—No puedo revelarte más información, Soldado Mata… pero de aceptar, te contaré toda la verdad que creas necesaria saber para calmar tu conciencia. — Le dijo con un aire de esperanza y expectación a la respuesta del chico.
Apenas Raymundo comenzaría a plantearse su decisión, sintiendo que el peso de todo lo que se estaba liberando en estas semanas, subía de nuevo a su espalda, cuando de pronto, Levi interrumpió este proceso interno.
—No necesitas darme una respuesta ahora mismo… te llamaré en quince días para saber que dices — le dijo girándose al lado contrario de la ventana y comenzando a marchar rumbo a la salida del departamento.
—Y señor Mata… también incluya la razón social de la OIPS en su Nómina — le dijo antes de salir.
Raymundo se quedó inmóvil, por todo lo que sintió, todo lo que dijo y sobre todo, por pensar en Mera Murphy y todo lo que ella misma implicaba.
Los días pasaron, Raymundo permaneció más callado, pensando constantemente en que respondería cuando esos quince días pasaran, pues su mente permaneció atrapada en el momento en que dejó a Sienna Murphy peleando junto con Lyam contra el Clérigo.
Además de eso, tenía que lidiar con escuchar constantemente a Cynthia quejarse y gritarle por dudar, cuando la respuesta era claramente que no, llegando incluso a pensar que contarle al día siguiente del suceso, había sido un completo error.
Así pasó una semana, envuelta en dudas y remordimientos y sobre todo presión, pues eso implicaba que faltaban solo ocho días para tener que dar una respuesta.
—Ptsss — susurró alguien al lado de Raymundo, mientras salía mirando su teléfono, corroborando que la transferencia por la misión de aquel día había sido completada.
Se giró junto con Cynthia rápidamente al oír el ruido, solo para mirar a un hombre gigante, de al menos dos metros de largo, vistiendo jeans flojos que lo hacían ver aún más corpulento y una sudadera negra.
—Joven Raymundo, ¿cierto? — preguntó el hombre de lacia barba y lentes cuadrados que engrandecían sus ojos.
—¿Quién es…? — dijo confundido intentando analizarlo, pero simplemente no empató su rostro con nadie.
—Ja ¡Ja! — Gritó emocionado —¿Verdad que soy irreconocible así? Nightective dice que el disfraz es absurdo — explicó emocionado para después sacar un antifaz amarillo de la bolsa de la sudadera.
—¡Oh por dios eres Pow…! — Iba a gritar Cynthia pero antes de que pudiera pronunciar más nada, el superhéroe estaba tapando su boca con su mano.
—Nada de eso, chiquilla — respondió de forma teatral sin darse cuenta. —Yo soy ¡Jean Mcgregor! — gritó tomando su pose de superhéroe mientras Raymundo lo miraba aguantándose la risa.
—¿No era Andrew Hogan? — preguntó el chico rascándose la cabeza pensando en si había dicho el nombre correcto.
—Ah si si jaja, después del libro de mi fiel amigo Lewis Oldman, ya no puedo usar ese nombre jaja — dijo soltando una risa nerviosa. —El departamento de Marketing de Nightcorp me ayudó a inventar un nombre más sencillo, ¿Sabías que hasta para los nombres hay que tener creatividad? Ellos inventaron un nombre tan normal que nadie normal sospecharía que no soy normal y así puedo llevar una vida tranquila — continuó hablando, incluso Cynthia quedó consternada al ver a alguien hablando exactamente igual que ella.
—Power… ¡PowerHope! — le habló Raymundo tratando de aterrizarlo de nuevo.
—Ah si… — y entonces se aclaró la garganta para dirigirse de forma un poco más seria a Raymundo. —Necesito hablar con usted, Joven Raymundo… a solas — dijo mirando de reojo a Cynthia.
Cynthia reaccionó rápidamente soltando aire como si hubiera sostenido la respiración por horas.
—¡Gracias! Osea no es personal, pero soy malísima lidiando con las personas importantes, pero no me podía mostrar así porque eres… ¡Eres quién eres! Y no me podías ver así pero chay me voy adiós Raymundo ¡Te veo mañana! — dijo rápidamente mientras se retiraba a toda prisa, tanto que cuando se despidió ya estaba prácticamente en la parada del camión y no se le entendía nada.
Ambos se voltearon a ver con confusión antes de que PowerHope comenzara a reírse.
—Es simpática… ¡Tengo hambre! ¿A donde podemos ir, Joven Raymundo? — Preguntó entusiasmado PowerHope.
Raymundo esperó un momento hasta ver que Cynthia se subía al camión y entonces miró a las calles del frente, donde se encontraba un tianguis que rodeaba a un mercado.
—Podemos ir ahí, aunque no creo que haya nada americano para comer… — dijo con tono de preocupación, apuntando al conjunto de lonas y puestos callejeros que se miraban pasando un boulevard.
PowerHope miró con concentración por unos segundos, haciendo zoom con su supervisión hasta que resaltó ante su mirada la silueta de una mujer torteando masa y dejándola sobre un comal.
—Ja ¡Ja! Podemos ir allí — Dijo emocionado y antes de que Raymundo pudiera decir algo, sintió como fue tomado de la cintura y en un parpadeo ya estaban sentados frente al puesto de aquella mujer; tenía pelo corto y canoso y un largo mandil color verde y apenas se percató de la repentina aparición de estos, pues estaba escuchando clásicos de Pedro Infante a todo volumen.
Raymundo sonrió al reconocer a la mujer y ver la emoción en la cara del superhéroe.
—Doña Mari… — le dijo a la mujer, pero esta simplemente no le escuchó y siguió torteando tranquilamente la masa.
—¡Doña Mari! — le gritó más fuerte , pero siguió sin recibir respuesta.
PowerHope entonces volteó a ver su radio y notó que la parte trasera no tenía tapa y exponía las pilas de la grabadora de caja, por lo que buscó en su sudadera y encontró un ticket de una compra que hizo en un Costco de california, por lo que a toda velocidad dobló la hoja y la convirtió en un pequeño triángulo que arrojó con una mano con la suficiente fuerza como para sacar una pila y apagar la música de golpe.
Doña Mari levantó de golpe la mirada y miró que tenía a dos clientes esperando, Raymundo también reaccionó con confusión, pero trató de disimularlo al devolverle una sonrisa nerviosa a la mujer.
—¡Ay Mundo! No te ví perdón mijito. Me hubieras hablado, fijate ni te pelé por estar oyendo a mi papito chulo de Pedrito. — dijo con tono de queja hasta que cruzó mirada con PowerHope y entonces su tono de voz cambió.
—Ay ¿Y a quién tienes contigo Mundito? Ira presentamelo — dijo con tono coqueto mientras miraba al héroe con una sonrisa. —Doña Mari para lo que guste y quiera — le dijo antes de girarse para agarrar un menú y pasárselo entre gestos coquetos, ignorando por completo a Raymundo.
El momento fue divertidísimo para PowerHope, tanto que casi suelta su clásico “Ja ¡Ja!”, pero que tuvo que extender en una risa muy incómoda y larga para disimular su identidad después de que Raymundo le pellizcara por un costado.
—Joven Raymundo, no quiero sonar arrogante, pero me sorprende que no esté emocionado, la noche de S… — estuvo a punto de terminar esa frase, pero notó como Raymundo se tensó casi al instante.
—La vez que nos conocimos, te veías muy nervioso, creí que hoy sería similar — le dijo con curiosidad.
Raymundo miró el menú por un momento de forma perdida, pero finalmente levantó la mirada al sentir que de nuevo se estaba perdiendo y no se podía permitir eso.
—Siento que no me emociono por casi nada… Sé que mi yo de hace seis meses estaría muertisimo y seguramente me golpearía por no pedirte veinte autógrafos… pero me es difícil ahora. — se sinceró Raymundo.
Doña Mari fingía no escuchar, pero de reojo miraba a sus clientes y escuchaba su conversación, incluso bajando el volumen de su música discretamente después de ponerle de nuevo sus pilas.
—Antonio me comentó que habló contigo… no me dijo que hablara contigo, fue una conversación de amigos — se apuró a aclarar tras ver como Raymundo se giraba con sospecha.
—Me invitó a una misión para rescatar a la ahijada de Michel… o bueno ja ¡ja!... la ahijada de Nahual.
Los ojos de Raymundo se abrieron, pero no con sorpresa por una noticia impactante, sino que sus ojos reflejaban el sentimiento que se tiene cuando revelan un chisme y la intriga se instala fuertemente en tu ser.
—Ja ¡Ja! Sabía que con eso evitaría que se desanimara más — gritó PowerHope sin darse cuenta que varias personas lo miraban de forma extraña por su risa.
—Si, Nahual es la madrina de Mera… cuando me dijo inmediatamente acepté y llamé a los chicos para que se nos unieran, Mutu Moto aceptó, Xin Lao mencionó estar ocupado con una reunión en Surcorea por el tema del vórtice temporal y Nahual y Condessa aceptaron al instante… pero al final me platicó que te invitó también. — dijo con tono más serio esta vez.
—¿Le contó que yo estuve en la mente de Blazerang? — preguntó Raymundo tratando de averiguar qué tanto sabía el superhéroe del asunto.
—Me contó incluso que fuiste el primer subordinado en confrontarlo con tanta dureza — le respondió mientras pasaba de regreso el menú señalando un plato de pozole y seis quesadillas para él.
Raymundo por su parte pidió dos quesadillas únicamente tras pensar en su presupuesto y después se giró con tono burlesco con PowerHope.
—¿En serio le dijo eso? Jajaja… yo sentí que crucé muchas veces la línea y me despediría — dijo con tono más relajado.
—”Nunca nadie en la historia de la Organización Internacional de Protección contra los Supers tuvo la osadía de desafiar a sus superiores” — dijo PowerHope imitando la forma de hablar de Antonio Levi.
Ambos rieron, PowerHope sin darse cuenta, soltaba su típico “ja ¡Ja!” que cada vez llamaba a más personas quienes empezaban a descubrir su identidad, unos momentos después, Doña Mari les entregó sus platos con comida.
—Desde que Nightective me dijo que estuviste en la Gran Sala Continental quise hablar contigo, siempre que va gente allá hablo con todos después para asegurarme de que todo estuviera bien… Pero Antonio no me dejó y respeté eso, pero cuando me contó que habías rechazado, supe que era un error no venir… ¿Cómo has estado, Joven Raymundo? — le dijo PowerHope mientras tomaba una de sus quesadillas y la dejaba en el plato de Raymundo.
Este intentó rechazar la comida, pero PowerHope le devolvió una sonrisa insistente que no le obligó a aceptar el plato.
—Gracias jeje — dijo Raymundo apenado. —He estado bien… es difícil seguir adelante, pero me he esforzado, pero… — dijo mientras veía de forma vacía su distorsionado reflejo en los azulejos de la barra del puesto de Doña Mari.
un nudo en su garganta parecía comerse sus palabras, pero un fuego dentro de su corazón empujaba con más fuerza. Todos los pensamientos que guardó por semanas se asomaron de pronto y casi sin darse cuenta respondió con la voz muy entrecortada.
—¡No puedo adaptarme! Yo… no peleo, ni siquiera he soltado un golpe a un super que haya arrestado, pero… tampoco me puedo quedar quieto, siempre defiendo y solo recibo golpes y eso me trae regaños… y siento que no puedo estar en el escuadrón C, pero tampoco en el B porque exige saber pelear y yo… no sé, simplemente no sé — dijo desahogándose.
Raymundo se sonó la nariz con una servilleta y luego se limpió las lágrimas de frustración con su manga, pero se percató de que PowerHope le miraba sonriente, comprensivo, pero extrañamente sonriente.
—Me contaron que eres fan de los superhéroes, Joven Raymundo… supongo que sabes cuál fue el primer superpoder que descubrí que tenía. — comenzó diciéndo con tono algo despistado.
—¿Volar? Lo mencionaron en tu biografía… — respondió Raymundo confundido.
—Ja ¡Ja!, Veo que si lees lo que publica Nightcorp jajaja… — dijo contento dándole palmadas en la espalda a Raymundo. —Pero no, eso lo inventó el equipo de Marketing también, era más… inspirador. La verdad espero que sí lo sea, no quisiera mentirle al mundo para nada, aunque si es para inspirar a más personas, pues ese fue mi primer poder, es complicado pero… — y continuó desviándose.
Raymundo esperó a que terminara de hablar de inspirar al mundo con historias inventadas, pues no quería interrumpirle.
—¿Y cuál fue tu primer poder? — preguntó cautelosamente cuando se detuvo para comerse una quesadilla de un solo bocado.
—Oh cierto… — dijo casi inentendible por la comida en su boca. —Super resistencia… cof cof… super resistencia — dijo pasándose de golpe la quesadilla.
—Trabajaba en una fábrica cuando era niño y el jefe era un tirano que golpeaba a su gente… decidí encararlo cuando quiso golpear a mi tío, él me enseñaba a leer… le dije que parase… le dije “Eso que hace no encaja con lo que dice la pared” — dijo imitando la voz de un niño.
—Era una pintura gigante que decía “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos.”, entonces el hombre miró la pintura y me miró con rabia, soltándome una bofetada… pero no me moví — dijo con tono de sorpresa.
Raymundo lo miraba con sorpresa, sentía que estaba teniendo información exclusiva en sus manos y que debía escuchar con atención.
—Todos me usaron de escudo y golpearon al dueño de la fábrica, pusieron a mi tío como nuevo dueño y de ahí nos fue mucho mejor jajaja… pero ese fue mi primer acto heróico… El tuyo fue dejarte cuidar por otro héroe — Raymundo al escuchar esto, inmediatamente pensó en Pherp.
—¿Cuál será tu segundo acto heróico? — le preguntó de forma reflexiva, lo que golpeó fuertemente a Raymundo, que sintió que aquel conflicto se hacía un poco más ligero.
—Pero… no soy un héroe, yo… — intentó decir, pero al voltear de nuevo, PowerHope ya no estaba y en su plato ya vacío había un billete de cien dólares.
Raymundo se quedó pensando, reflexionando la historia, sintiendo el pecho más ligero por desahogarse y un insaciable deseo de contarle todo a Cynthia. Al volver su vista a su plato, encontró una tarjeta que decía “Call me Mr Raymundo ja ¡Ja!” junto con su número de teléfono.
—Ay ya se fue tu amigo, tan guapo que estaba, ¿Era el PowerHope ese verdad? Ay que amigos los tuyos, ¿Cómo le haces? — Le dijo doña Mari, alertando a Raymundo que PowerHope no cuidó para nada su identidad y no pudo evitar reírse.
Conforme pasaban los días, el conflicto en Raymundo parecía tener una solución, pero era una que venía con otro peso, era el saber que pasaría si él aceptaba, pues comenzaba a sentir que su objetivo de cuidar a su familia se peleaba con su creciente pensamiento respecto a salvar a Mera.
Así fue entonces que el día catorce, Raymundo no pudo más y salió de su departamento a toda prisa para tocar la puerta de Cynthia con desesperación.
—¡Chinga tu madre, nadie toca así! — Gritó después de molestarse por la insistencia de los golpes.
—¡Soy yo! — gritó Raymundo apenado y ni bien terminó la frase, la puerta ya se había abierto.
—Perdón je — dijo sacando la lengua para hacer una mueca tonta pero desvergonzada. —Te juro que si hubiera sabido que eras tú no decía nada jajaja, pero pasa, ¿Qué se te ofrece? — le dijo haciéndose para atrás para dejar pasar a Raymundo.
—Estaba inquieto, no podía dormir… — comenzó hablando para ser interrumpido rápidamente.
—Ah por la chingadera del operativo ese, no deberías frustrarte tanto, están bien pendejos si creen que un rango C va a participar sólo por una misión en la que te metieron a la fuerza, ya te lo dije muchas veces, no tiene sentido, Mundo — comenzó a divagar mientras daba vueltas sobre su departamento.
—Sí pero para ellos es importante…
—Es importante por puras mamadas, si de verdad fuera tan importante, te hubieran apoyado desde un principio y no esperarse a que les hagas pinche marketing — continuó enfadándose a sí misma a cada palabra que decía.
—Cynthia, escucha, yo… — trataba de decir Raymundo.
—...Y además si pudieran, seguro te aventaban a pelear contra ese tal Clérigo para que te parta en dos y tenerte de mártir, que se vayan a la…
—¡Quiero ir! — Gritó para interrumpirla.
El grito parecía haber detenido el tiempo, pues el ambiente se cortó de golpe. Parecía por un instante que ni siquiera el polvo suspendido en el aire se movía. Cynthia había quedado totalmente paralizada y volteó a ver a Raymundo como si le hubiera crecido una segunda cabeza.
—¿Ir?... ¿Estás pendejo?... — dijo entre pausas mirando el rostro de Raymundo, el cual no parecía estar bromeando.
—No puedo quedarme quieto, simplemente no puedo y… tú ves como me peleo a cada rato con Selvio, no puedo ver a los villanos dar dos pasos sin ir a proteger a los civiles, yo… ¡No puedo simplemente seguir en misiones de rango C!...
Cynthia comprendió sus palabras, pero al mismo tiempo las odiaba La alarma interna que le gritaba que había riesgo y que no tenía sentido, se disparó con fuerza.
—Entonces ¿Qué?... Esto no es una oficina, salvar gente no te sube en el escalafón. No somos héroes Raymundo, tú traje está hecho para protegerte de todo, sólo a tí… ¿Cómo se supone que salvar a una niña sane algo en tí? — respondió frustrada, sorprendiéndose a sí misma.
Raymundo se sintió sobrecogido al escuchar su propio nombre salir de la boca de Cynthia, era la primera vez que no lo llamaba “Mundo” en mucho tiempo y sintió el regaño; lo que no sintió, fue derrota, pues aún así siguió.
—No soy un héroe, pero necesito esto… El día en que el Coronel Levi me ofreció unirme al escuadrón continental, sentí miedo… muy fuerte, demasiado y lo confundí con decisión… Desde ese día he usado mi misión de proteger a mi familia como un pretexto para huir de todo y yo… no puedo seguir así.
Raymundo comenzó a limpiarse las lágrimas mientras sentía una presión tan fuerte en el pecho que le hacía recargarse en la pared y doblarse, soltando quejidos espontáneos, cómo si a su garganta le costara decir cada una de sus palabras.
—Lo último que vi de ellos fue a una pareja unida contra alguien que los ponía en riesgo y… cuando vi a Blazerang en el piso, muerto, yo no… yo sentí una deuda con él, que intenté pagar en los tribunales, pero no salió como quise… y entonces… huí.
Cynthia lo miró, era un manojo de nervios y trauma que se retorcía sobre su pared mientras lloraba, pero para ella fue la forma más humana en que había visto jamás a Raymundo, por lo que dio un par de pasos y se puso junto a él rodeándolo con sus brazos.
Ambos se dejaron caer sobre el suelo y Raymundo abrazó con fuerza a su amiga, jadeando y sonándose los mocos sin ningún tipo de pena.
—Entonces… sólo te dejo ir… — dijo apretando su puño con fuerza mientras pensaba en su familia. —Sólo te dejo ir si me llevas también…
Raymundo dejó de llorar de golpe y se levantó con sorpresa. Se limpió la nariz con su brazo y miró a Cynthia quien solo miraba de forma vacía a su ventana.
—No te puedo dejar sólo estúpido. Pero siento que tampoco te puedo detener… supongo que el sentimiento es similar jaja, tú quieres proteger a muchas personas, pero yo solo te quiero proteger a tí — dijo decidida para después voltear a ver a Raymundo de nueva vuelta.
Raymundo se calmó, pero a pesar de que sentía que la petición de Cynthia era una total locura y una completa tontería, en el fondo también comprendía el esfuerzo de ella por entenderle, así que no se negó para devolverle el favor.
—Sabes… Talavera también debe ir, ¿Sino quién nos va a dar órdenes? — sugirió de forma graciosa para romper la tensión.
—Aver… PowerHope está bien loco y aparte dirige a supers, a Levi “lo odiamos” — dijo haciendo ademán con sus dedos —Y el Sargento de la Torre fue degradado, así que ahora es más bien… el chico como nosotros De la Torre jajaja.
—Entonces, está decidido… mañana le diré que si no vamos los tres, no voy — dijo levantándose del suelo para estirar su mano a Cynthia.
Ella tomó su mano para ponerse de pie, a lo que Raymundo le volvió a frotar su cabeza, esta vez con más fuerza, despeinando su cabello.
—Eso si, no le avises a Talavera, será gracioso cuando se entere — terminó y ambos se echaron a reír de forma maliciosa.
Y así, al día siguiente, justo antes de iniciar una misión, Raymundo negoció sus exigencias con Levi, el cual no se opuso mucho, pues anunció que tenía un gran equipo, tan eficaz que incluso podrían incluir civiles en la operación y nadie saldría herido.
Raymundo no quiso fiarse de la confianza de Levi, pues aún sentía desconfianza con su persona, pero aún así continuó la conversación de forma cordial. Antes de terminar, Levi le mencionó que el equipo que había solicitado días atrás tras su llegada a la sede de la OIPS, había sido aprobado y podría pasar por él un día antes de la operación.
Así fue entonces, cómo el dieciséis de septiembre de dos mil veinticinco, las carreteras aledañas a la cañada de los once pueblos, en Michoacán, fueron tapadas por convoyes de la OIPS y justo en frente del Cerro de los Niños se encontraban dispersos los tres miembros de The Five Continents que PowerHope mencionó: Condessa, Mutu Moto y Nahual; el nuevo escuadrón de grado Continental de la OIPS México, en el cual se encontraba Anselmo de la Torre; El Coronel Levi junto con PowerHope bebiendo una taza de café y finalmente, del último convoy, se bajó Raymundo, Cynthia y Talavera para comenzar la misión de rescate de Mera Murphy.
Fin.