Capítulo 2: Su nombre es Blazerang
Raymundo se enfrenta al superhéroe ex continental Blazerang, ¿De verdad se enfrenta? Esto es una total masacre donde verás el gran poder de un titán como Blazerang.
A pesar de lo oscura que resultaba la noche en Sydney, en Roma hacía un día hermoso, las Gaviotas Patiamarillas revoloteaban por los cielos y el turismo rodeaba por completo el coliseo. Los guías turísticos se esforzaban por pegar el grito más fuerte para hacerse oír entre los visitantes y el ambiente ya era opresivo por tanta gente; todos ellos, sin saber ni uno solo lo que ocurría debajo de las catacumbas que alguna vez fueron un medio secreto de moverse para la gente de la edad media.
En una habitación se encontraban tres personas; una mantenía una vestimenta peculiar, portando un traje mal arreglado, una camisa blanca desfajada de una mitad, un pantalón verde y un saco café, ambos manchados de blanco por el polvo por las criptas y una peculiar máscara blanca con rayas negras en espiral que formaban entre sus líneas conectadas un par de círculos y una curva que hacían ver un rostro sonriente.
Una mujer que temblaba de miedo, con un vestido blanco totalmente manchado de sangre en varias partes, una larga cabellera negra lacia que cubría su rostro por completo. Y finalmente Poker Face, quién no parecía ser Pokerface, ya que su postura era totalmente erguida, con las manos en la cintura y sus ojos habían perdido el iris para volverse totalmente morados y emitir un brillo del mismo color.
La habitación era oscura, pequeña y claustrofóbica, apenas iluminada por un lado de azul y por el otro naranja proveniente de una antorcha.
Pegado a una pared se encontraba el sujeto de la máscara de pie totalmente encorvado tratando de ver una televisión que a duras penas funcionaba, estaba conectada por cables pelados y el gancho se clavaba en el techo, señal de que alguien ya había vivido ahí y había adaptado el lugar para consumir entretenimiento. Su interés no era el mismo, pues tenía un canal de noticias italiano que mostraba cómo se acercaban a Sydney mientras decían algo en francés.
Poker Face se mantenía caminando en círculos con su postura recta y una impaciencia que ponía nerviosos a todos en el sitio.
En medio la mujer que se posaba sobre una mesa de madera podrida, se mantenía sentada con la vista al suelo, como si estuviera meditando. Su postura era tan firme que ni siquiera parecía percatarse de que su pie estaba aplastando una manzana podrida.
—¿A qué hora se supone que esto va a comenzar? — preguntó carraspeando la voz Poker Face. — ¡Puaj! Este cuerpo ni siquiera sabe hablar español.
—Tranquilo. — Respondió el sujeto de la máscara. —Mira a los reporteros, apenas están llegando, necesitamos que el mundo vea esto… y también nosotros necesitamos saber que pasa, no podemos confiar en esta maldita super… — Explicó con asco el hombre de la máscara cuya voz resultaba ser incluso más cansina que la que -Lo que sea que esté poseyendo a Poker Face- intentaba para disimular su exagerado acento francés.
El sujeto de la máscara soltó un —Hmmm — Que llamó la atención de Poker Face.
—¿Ahora que sucede? — preguntó con aún más impaciencia.
—No se mueve— Contestó apuntando a la televisión. —Algo está haciendo esta hija de perra. — Dijo cambiando su tono a uno más impaciente y amenazante mientras se dirigía a la mujer.
El sujeto de la máscara le soltó una bofetada que la reanimó de golpe. Esta abrió los ojos y se retiró el pelo de la cara con sus manos temblorosas que reflejaban miedo y mucha impaciencia mientras parecía recobrar el aliento. Al quitarse el pelo, mostró su pálido rostro cubierto de pintura negra que goteaba de todo su rostro.
—¡¿Qué pasó?! ¿Qué hice mal? — preguntó sumamente alterada mientras sus ojos ya rojizos se humedecían en lágrimas.
—¿Por qué tu amigo no se mueve? — Le preguntó el hombre de la máscara con tono enojado apuntando a la televisión.
—Yo- él — Intentó explicarse, pero recibió otra bofetada que, por poco la tira de la mesa, la cual crujió cuando puso su mano para detenerse, encajándose una astilla en el proceso.
—Él es muy fuerte y pelea por dentro. — Pudo responder finalmente al calmarse para no recibir más daño.
—Me parece — interrumpió un ya cansado Poker Face. —Que nos prometiste un super total y completamente a nuestra merced para hacer lo que queramos a través de él. Pero todo lo que veo es a un arrogante que se niega a sucumbir a esa total y completa posesión… — Dijo mientras caminaba lentamente a la mujer y puso sus manos sobre su cuello.
—Sólo tenías que matar unas cuantas personas, posarte sobre la ópera y dar nuestro mensaje y dejar que maten a ese super. — Dijo con desespero el hombre de la máscara. —Era cargar con eso… o con el cadáver de tu hijita, ¿lo recuerdas?
La mujer comenzó a sollozar mientras temblaba y con algo de agresividad consiguió soltarse de la mano de Poker Face que ya estaba apretando con fuerza y tras recuperar un poco el aire les dijo con la mirada abajo.
—Por muy fuerte que sea mi poder… hay cosas como la adrenalina o el orgullo que dificultan mucho el control… No tengo suficiente poder. — Su tono era derrotista y totalmente sin esperanza.
—¡Pero por favor! No le hagan nada a Mera… Ella es todo lo que tengo por favor. — Contestó agarrando de la camisa floja al hombre de la máscara, el cual se retiró con asco y la empujó de nuevo a su sitio.
—No podemos detenernos, Erasmo… — Le dijo Poker Face al hombre de la máscara. —Hemos desperdiciado mucho tiempo en esta estúpida super y en tu estúpido plan… No cabe duda de que la pendeja de tu madre se equivocó contigo al elegirte… — Fulminó con asco que hizo reaccionar a Erasmo.
—Vivo por usted, amo. Vivo para construir un mundo en el que puedas volver… y vivo para cumplirte. — dijo mirándolo a los ojos, pero al girarse hacia la mujer, su rostro era uno de frustración y enfado, el rostro de un orgullo herido.
Las líneas de la máscara de Erasmo se iluminaron completamente en un brillo morado mientras recitaba:
—Nea, esum Dae Perem nek ira. — Y una extraña brisa se sintió como un remolino por toda la habitación. El fuego de la antorcha también tomó un color morado y finalmente, Erasmo levantó su dedo, el cual estaba brillando con un brillante morado que parecía escurrir.
Erasmo apuntó a la cabeza de la mujer y lentamente metió su dedo. Del punto donde se tocan, las venas de la mujer brotaron por toda su cara, brillando como si le hubiera inyectado luz en su torrente sanguíneo. Su iris se puso de un color rosa muy intenso y comenzó a llorar un metal muy curioso que también escurría de su boca junto con su saliva.
La mujer estaba sufriendo, pero tampoco podía emitir sonido alguno, no podía ni quejarse del dolor y solo intentaba retorcerse, pero su cuerpo tampoco reaccionaba, entonces Erasmo sacó su dedo y con asco se limpió la mano, dejando a la mujer arrodillada ante el líquido metálico que comenzaba a endurecerse. Al abrir los ojos y verlo, se retiró con miedo y se agarró la cabeza mientras sus venas volvían a la normalidad.
—Creo que con eso basta, deberías ser de algo de utilidad. Quité el estúpido límite de tu cuerpo para usar tus poderes… Son super y aún así lidian con limitantes tan estúpidas. — Le dijo Erasmo que aún se limpiaba la mano en la camisa.
—¿Y qué hay de ellos? — preguntó con dificultad entre sollozos la mujer que aún se recuperaba de lo ocurrido. Su mano apuntaba a la televisión que ya estaba cubriendo la noticia de un segundo enfrentamiento entre la OIPS y Blazerang, La pantalla apuntaba al Sargento de la Torre.
—Esta vez los mandaron en grupo. — Dijo con incertidumbre Poker Face. —Pues, sí puedes controlar lo suficiente al super, mátalos a todos.
Erasmo volteó a ver a la mujer de pelo negro y ella sin ningún animo agachó la cabeza y asintió lentamente.
—Bien, entonces… ya no soy necesario. Haz tu trabajo, Erasmo. — Dijo Poker Face y de pronto sus ojos recuperaron su color blanco y su iris el tono miel, cayendo al suelo y tosiendo una gran cantidad de polvo negro que parecía tener atorado por semanas en su garganta.
—¿Pe… pero que pasó? — Preguntó entre quejidos de dolor en la garganta, su acento francés había regresado de golpe. —Mi garganta… duele. — pero no pudo decir más porque un fuerte golpe propinado por Erasmo que lo dejó totalmente inconsciente.
—Y tú… — Dijo Erasmo apuntando a la mujer. —Comienza de una vez o tu hija pagará las consecuencias.
La mujer se sobresaltó un poco, pero se hincó de nuevo, poniéndose el pelo en la cara y cerrando los ojos. A sus piernas comenzaron a caer lágrimas que fueron acompañadas por ese líquido metálico y de golpe comenzó a retorcerse sobre la mesa y giró sobre de esta y terminó azotando su cabeza contra la mesa de forma brusca y salvaje.
El momento terminó cuando el pelo descubrió un ojo de la mujer, el cual en su reflejo ya no mostraba la habitación sino el cielo estrellado de Sydney y a los hombres cayendo en paracaídas sobre los techos de los edificios, pisando suelo y yéndose a esconder de forma estratégica. Era la vista de Blazerang, un hombre con traje color naranja con detalles amarillos como la trusa externa, las coderas o su gigante casco que lo cubría y lo hacía ver imponente para su estatura, con dos grandes cuernos rectangulares sobresalientes que apuntaba uno hacia arriba y el otro hacia abajo, con una “BZ” en su pecho.
El hombre mira con detenimiento las sombras durante unos minutos, todos los soldados de la OIPS se esconden, excepto por el Sargento De la Torre, un hombre de estatura mediana, con una larga gabardina y una máscara de gas color negro que acompaña con unos enormes lentes de aviador y un gorro con orejeras color negro también.
Ambos se quedaron mirando de frente hasta que el Sargento decidió hablar.
—¡Lyam Murphy!, mejor conocido como Blazerang, se te investiga por la desaparición de la superheroína MindyBlur y su hija, a su vez, se te impugna el cargo de asesinato a múltiples civiles a lo largo de toda la ciudad, ¡Quedas bajo arresto!
Blazerang le miró con desagrado y tratando de sonar intimidante, grita haciendo que su voz resuene por todas las azoteas.
—Lamento informar que no responderé por mis crímenes. Nunca me atraparán estúpidos soldados.
Lo robótico que sonó el diálogo de Blazerang hizo que Raymundo se sobresalte, dando un pequeño saltito sobre su sitio.
—Shhhhh — Le dijo alguien a su izquierda, a quien Raymundo volteó a ver con miedo. Sus nervios estaban al filo de cualquier sonido para hacerlo gritar y saltar del edificio para acabar con tanta tensión.
El shteo provenía de Pherp Owoe, quien había caído junto con Raymundo y también observaba con detenimiento toda la situación.
—No haga ruido muchacho que nos come de un golpe un monstruo como ese. ¡Pherp no quiere ser comido! — Explicó en voz baja, Raymundo respondió asintiendo la cabeza con confusión. —¿O qué es lo que está usted viendo?
Raymundo tuvo que tragar saliva antes de poder hablar, pues a cada mínimo movimiento, sentía que podría ser descubierto y morir.
—E… él no está actuando normal... Hace cinco años estuvo en un evento en mi ciudad y no hablaba así… — dijo apuntando al superhéroe con miedo.
Al mismo tiempo, el Sargento De la Torre se percató de lo mismo y encendió su comunicador.
—Pherp. No creo que hayas muerto, sé que estás ahí, cambio. — Habló con su tono de voz cálido que siempre está calmado.
—Aquí Pherp, caí a unos cincuenta metros de usted, mi coronel.
—Sargento y necesito que te acerques… este hombre no es Blazerang y no me puedo comunicar con el coronel Levi, cambio.
Pherp escuchó con curiosidad, mirando a Raymundo quien cada vez parecía brillar más por la capa de sudor que cubría su rostro. Al final con un gruñido, asintió para confirmar que iría y se giró con Raymundo.
—Muchacho… ¿Cómo se llama usted? Yo soy Pherp Owoe. — Empezó con cierta admiración pues ambos habían llegado de forma muy rápida a la misma conclusión tanto él como el sargento.
—Mi nombre es Raymundo Ma… — Pero fue interrumpido por un estruendo acompañado de un calor que hizo a Raymundo cubrirse la cara.
Una llamarada gigante con forma de estrella había sido lanzada en varias direcciones y causando una gran conmoción en todo el equipo de la OIPS, los cuales solicitaban al Sargento instrucciones, algunos incluso exigiendo permiso para atacar.
—Tranquilos muchachos — Dijo el Sargento De la Torre con tono apaciguado. —Tomen posiciones y cúbranse detrás de algo, traten de quedar al frente de Blazerang para que el calor n… a… ce… — Y la comunicación de a poco comenzó a cortarse debido a una luz tenue que variaba entre naranja y morado que apareció en el techo.
—Eso… — Miró Raymundo. —Esto lo mencionaron en el entrenamiento, problemas humanos aplicados a super… el… claro, está ionizando el aire para cortar comunicaciones. — dijo Raymundo a Pherp quien parecía estar hipnotizado por las luces.
—¿Y eso cómo se arregla? — preguntó un Pherp asustado mientras buscaba con la vista al sargento.
—No se puede hasta que lo apague Blazerang, estamos solos. — contestó Raymundo tragando saliva. — El sargent…
—¡Cúbrase muchacho! — gritó Pherp empujando a Raymundo y haciéndose para atrás para cubrirse.
Blazerang había convertido en fuego el aire que lo rodeaba y, usando la energía producida, se impulsaba para pegar saltos gigantes entre edificios. Añadido a esto, en cada brinco que lo hacía parecer una serpiente de fuego, arrojaba varios boomerangs de fuego que hacían una trayectoria curva y al golpear contra los techos y las paredes causaba gran estruendo y destrucción.
Los soldados de la OIPS al verse acorralados y no poder recibir órdenes, iniciaron el combate contra el superhéroe, Raymundo por su parte, buscó la forma de bajar del edificio sin llamar la atención para huir, pero fue tomado del brazo por Pherp.
—Si usted va para abajo, todos aquí perderemos un elemento que podría ser valioso.
—¡Cállate! — Gritó Raymundo, llamando la atención de Blazerang sin darse cuenta. —Yo ni siquiera pertenezco a este maldito grupo… Soy del escuadrón C, no tengo idea de porqué me mandaron aquí.
La cara de alarma de Pherp fue instantánea, pero al mismo tiempo comprendió que no había mucho por hacer pues no tenían comunicación ni medios para informar que había ocurrido un error y ahora un inocente corría peligro.
—Yo te protegeré muchacho. — Le dijo a Raymundo inflando el pecho, pero su instinto le hizo girar, para darse cuenta de que se dirigía a ellos un enorme boomerang. —¡Empezando por ahora!
Pherp alzó su mano, dejando ver un guante muy grueso con nudillos de titanio y con tantas placas que aún a la luz de la luna brillaba mucho. Raymundo se percató de esto y rápidamente se abalanzó contra Pherp, apenas moviéndolo unos centímetros, pero evitando que tomase el boomerang con las manos.
—Pero ¿qué…? — Pero Raymundo no terminó ahí y colocándose frente a Pherp, alzó su mano para ser él quien sujetase el boomerang el cual venía y de regreso, chocando con su mano y empujando a los dos hacia atrás.
El boomerang se apagó y se deshizo como cenizas en la mano de Raymundo, dejando atónitos a los dos.
—Tu… — dijo Raymundo con cansancio y jadeando. —Eres muy fuerte… por eso tus guantes son de titanio, para golpear más duro. Yo desde que nos enseñaron a protegernos de las balas en el entrenamiento, empecé a planear cada detalle y cada fibra de mi traje para no sufrir ningún accidente.
—Pero… muchacho ¿De qué está hecho el traje suyo? — preguntó con mucho asombro Pherp.
—Casi todo mi traje está hecho con dos capas de fibra de carbono con una aleación que dispersa la temperatura, lo hice pensando en villanos como MantaFlama y su saliva de lava, pero aquí funciona perfecto…
Pherp se quedó tan sorprendido que miró de arriba abajo a Raymundo, dándose cuenta de los múltiples detalles en su traje, como el collar de sellado que rodeaba su cuello, para su máscara, sus pantalones equipados de bolsas hasta el hartazgo, su cinturón con aún más bolsas y sus botas con una suela semi transparente color negro.
—Pero… Pero tú eres un genio muchacho, te tengo que llevar conmigo — Le dijo Pherp a Raymundo y lo subió a su espalda tomándolo del brazo y agarrándolo cual muñeco de trapo.
—¡E-espera! — Intentó detenerlo Raymundo, pero al estar en su espalda, por primera vez visualizó todo el entorno y todo lo que ocurría a su alrededor, pensó en querer huir de nuevo o poner algún pretexto, pero una chispa dentro de sí le arrojó la idea de que “¿Y si yo pudiera ayudar?”, era una posibilidad remota por la diferencia de físicos entre el escuadrón completo y él, pero ese gran “Y si”, le llenó de dudas la cabeza.
—¿Puedes… llevarte mis guantes? — Respondió finalmente, con una decisión que se rompería con el soplido de una mosca, pero las ganas de vivir de un humano.
Pherp accedió e intercambió sus guantes, los cuales le quedaron a la perfección por el material hiperelástico del que están hechos los trajes de los miembros de la OIPS. Esto le permitió tener mayor libertad al moverse entre las llamas que ya rodeaban el techo del que se encontraban, aunque solo fuera por las orillas del edificio.
Saltaron a un segundo techo, el cual ya se encontraba cuarteado, el ruido llamó la atención de otros agentes que se encontraban a punto de atacar. Blazerang en medio de todos arrojó una llamarada que parecía dispersarse, esto obra de un agente que tenía placas de titanio en sus brazos que formaban un escudo, cosa a la que el héroe respondió con un boomerang que el agente esquivó.
—¡Morirás aquí, Blazerang! — Gritó el agente justo antes de ser atravesado por un boomerang que le quemó por la espalda.
El cuerpo del agente cayó rodando a los pies de Blazerang, quien aún, manteniendo el silencio, volteó a mirar con enfado a los soldados que tenía enfrente, que eran dos a su derecha y Pherp junto con Raymundo al frente.
Con su movimiento de serpiente se abalanzó contra ellos, golpeando con fuerza el techo y destruyendo parte de este. El temblor del impacto hizo que Pherp con Raymundo en su espalda saltaran al vacío, un vacío que Raymundo con todo su miedo pensó que acabaría con su vida, pero el impacto final fue más suave de lo esperado.
—No se preocupe muchacho, Pherp también tiene un traje para proteger. — Le dijo con orgullo Pherp mientras presumía de haber caído de pie.
—¡Ahora tenemos que escondernos! — contestó Raymundo apuntando debajo de una escalera de incendios llena de basura.
Blazerang pasó rondando por los callejones iluminando todo el sitio, Pherp alcanzó a cubrirse con una bolsa de basura, pero Raymundo se percató de que el problema era evidente, sus trajes al no estar hechos de un material que absorba la luz, pese a ser negros, con la llamarada suficientemente luminosa, podían verse muy brillantes para la situación.
—Ay-uen… me — Una voz muy tenue sonaba de fondo y el ruido de bolsas moviéndose alertó a los dos que se sobresaltaron del susto y corrieron con cautela para ve que ocurría. Cuando llegaron lo vieron ahí, al fondo del callejón y completamente herido, el cuerpo de Raúl luchando por respirar.
La mitad de su cuerpo estaba totalmente quemada, tanto que gran parte se veía totalmente carbonizada y los huesos de la mano y los pies estaban visibles y llenos de hollín. Su gran y redondo bigote estaba por la mitad y su ojo derecho totalmente blanco, evidentemente sin visión.
Raymundo lo miró, primero con morbo, luego con temor y finalmente con pánico. Se bajó de la espalda de Pherp a vomitar mientras el más grande atendía el cuerpo.
—Vas estar bien hermano, el hermano Raymundo y yo te vamos a sacar de aquí. — Le dijo Pherp sin mover el cuerpo, únicamente tomando su mano para checar su pulso, pero al levantarle el brazo, este estaba por detrás completamente empapado de sangre, lo que preocupó más a Pherp quien observó la mirada de Raúl, totalmente perdida y mirando al cielo. Sabía que seguía con vida, ya que su ojo se movía lentamente, su iris reflejaba la luna con detalle.
Sus respiraciones que venían acompañadas de gemidos poco a poco se apagaban y Pherp simplemente tomó su mano.
—An…g… — Intentó hablar una última vez.
—No te esfuerces hermano, irás con ellos, pronto irás con ellos. — Le interrumpió Pherp, esta vez abrazándole la mano, hasta que finalmente, los respiros de dolor se apagaron por completo, Raúl había muerto.
—Él está… — Llegó Raymundo aun limpiándose el vómito de los labios, viendo el cadáver de Raúl.
Pherp únicamente asintió con la cabeza y Raymundo retrocedió con ojos brillosos. —Esto… ¡mierda no! Nunca vi a nadie morir, yo ni siquiera debía estar aquí, puta madre. — Se tapaba la boca y la nariz con su antebrazo intentando no llorar, no podía dejar de ver el cuerpo y pensar que tarde o temprano, él sería el siguiente.
—¿Pero de que estás tú hablando chico? — Preguntó Pherp al ver la reacción de Raymundo. —Este hombre tuvo la dicha de morir viendo la luna, a pesar de todo, murió en paz y no murió solo, alégrate un poco por él. — La indignación en su voz era evidente, pero aún así quería mantenerse apaciguado pues en el fondo sabía exactamente cómo se sentía.
—En mi primera misión — interrumpió mientras se sentaba con algo de derrotismo en su voz. —fuimos con La Muerte y la hicimos enojar, comenzó uno a uno a tachar a los miembros Súper del ejército que estaban en su lista para matarlos hasta que conseguimos huir. Cuando pudimos confirmar que todo se tranquilizó, tuvimos que regresar por sus cuerpos, todos y cada uno… Y ninguno tuvo una muerte digna.
Raymundo solo le miró consternado y después miró el cuerpo de Raúl. —Él tenía un amigo, llamado Ángel, aquí en el ejército… si él sigue vivo, tal vez al final…
—Tienes mucho corazón muchacho, Pherp respeta eso.
—Entonces… ¿Qué hay que hacer ahora?
—Pherp solo sabe que tiene que ir con el Sargento De la Torre, ¡Él nos dirá que hacer! Sólo debemos poder volver a los techos sin que nos vea ese loco. — Dijo apuntando a una estela de fuego que dejó Blazerang pasando por los cielos.
Raymundo se quedó pensando por unos momentos mirando la luz naranja que iluminaba los techos de los edificios, su vista se centró en un grafiti de MindyBlur que parecía tener contorno naranja, hasta que se percató que este venía de un contorno negro que reflejaba la luz.
—¡Ya sé cómo vamos a llegar! — Gritó Raymundo mientras comenzaba a buscar en su cinturón, hasta encontrar y sacar una lata de spray color negro que rápidamente echó sobre sí mismo en todo su cuerpo.
—Toma, ponte esto. — Le dio la lata a Pherp pero este la agarró con desconfianza
—¿Pero que mosca le ha picado amigo? ¿Qué es esto?
—Es Vanta Black, algo tonto que pedí hace mucho pensando en usarlo en un grafiti o impresionar a mi hermana, nunca creí que sería útil en la noche. Podemos movernos por las sombras y con esto nuestro traje será completamente negro, absorbiendo toda la luz… seremos indetectables, incluso si pasa iluminándonos.
Pherp una vez más quedó sorprendido por Raymundo y con confianza tomó el spray y se roció el cuerpo con Vantablack, dejando el bote en el suelo y antes de partir, le arrojó una leve sonrisa al cuerpo de Raúl.
—Traeremos a tu amigo, vendrá por usted. — Le dijo y pegó un salto que lo subió a una escalera de incendios, por la cual comenzaron a caminar pegados a la pared.
Raymundo no pudo evitar ver al interior de los departamentos de los edificios que recorrían e imaginarse cómo era la vida antes de que todo tuviera que ser desalojado, se le hacía raro ver toda una cuadra completamente vacía, salvo por los alrededores donde los acordonamientos policiacos acumulaban multitud chismosa y creaban una atmósfera de tragedia por las luces parpadeantes azul y rojo.
—Allá mira, chico — Le interrumpió Pherp quien lo hizo regresar de golpe a la tierra, estaba apuntando a una figura que se mantenía inmovil sobre una chimenea, era el Sargento de la Torre.
—Está en su mismo lugar, ¿No le preocupa ser alcanzado? — preguntó con curiosidad al verlo tan calmado y solo moviendo su cabeza con total calma.
—Siempre es así, no es un estratega maestro, pero sabe cómo evitar la mayor cantidad de bajas. — Contestó Pherp desinteresado. —Tenemos que llegar hasta él antes… — Pero fue interrumpido por una fuerte llamarada que salió de la ventana que observaba Raymundo, atravesando otro edificio y dando la vuelta para aterrizar sobre el techo de este, quedando justo al frente de Raymundo y Pherp.
—¿Creyeron que huirían de mí, soldados? Nadie huye de su fin, que será a manos de mi, ¡Blazerang! — Gritó con una sonrisa muy forzada que desconcertó a ambos, pero que igual no pudieron discutir pues Blazerang comenzó a atacar con boomerangs de fuego que destruyeron parte del edificio e hicieron que la escalera de incendios comenzara a colapsar.
Pherp pegó un brinco que hizo que la escalera cayera por completo al suelo, llamando finalmente la atención del Sargento de la Torre y por un momento todo pareció ir más lento. Pherp cruzó miradas con el Sargento, Raymundo miró a Blazerang y cuando pensó que el tiempo se había detenido por completo, escuchó hablar al Sargento.
—¡Arrójalo, Pherp!
—¡A la orden!, Perdóname chico. — Y ni bien pudo reaccionar Raymundo, ya estaba siendo arrojado contra Blazerang con gran fuerza.
Raymundo no pudo procesar del todo lo que estaba pasando, solo sabía que estaba siendo utilizado como bola de cañón humana contra uno de los más grandes superhéroes de todos los tiempos, quien ahora estaba tratando de asesinarlo y que estaba llenando de fuego su brazo para darle un mortal recibimiento, a pesar de todo por un momento su fanatismo regresó, volviendo a ser ese niño que sonreía cada que veía a sus héroes en la pantalla de la televisión.
—¡Perdóname, Blazerang! — Gritó con todas sus fuerzas y entonces las flamas del brazo de Blazerang se tornaron de un color morado, que después cambió a plateado y no le hizo ningún daño a Raymundo, sino que éste golpeó al héroe con todo el vuelo que tenía, dejando inconscientes a los dos.
—Oh. — Reaccionó con calma el Sargento. — Trae al chico, Pherp.
El dejar a Blazerang inconsciente causó que el calor en la zona se disipara por completo, liberando la nube de aire ionizado que cubría la zona y permitiendo comunicarse a los soldados del escuadrón. La primera impresión del Sargento era que todos seguían envueltos en pánico y pese a la situación tan larga, aún continuaban tratando de comunicarse, esto decepcionó un poco al sargento.
—Escuchen, el presunto criminal ya fue abatido, armen un perímetro para la policía y pidan el traje de retención de poderes, rápido. — Y cuando terminó de hablar, decenas de soldados comenzaron a salir de múltiples escondites y se pusieron a la acción.
—Después de esto volveremos al centro de entrenamiento, creo que no les enseñaron con suficientes ganas el hecho de que un super que no le importa matar, tampoco le importa atacar con todo, si fuera una prueba todos reprobaron…
Pero se quedó mirando a Pherp que ya cargaba con el cuerpo inconsciente de Raymundo, dejándolo sentado sobre una barda.
—¿Cuál es tu reporte, Pherp? — preguntó sin inmutarse por lo sucedido el sargento.
—Una sola baja, mi coronel, se llamaba Raúl, él… murió por quemaduras.
—¿Raúl? ¿El del bigote? Demonios, era un buen elemento. ¿Por dónde quedó?
—A una cuadra, al final de un callejón cerrado, la mitad del cuerpo calcinado… — Pero otra voz le interrumpió por el comunicador.
—¿Entonces, lo dejaste morir? — Era la voz de Ángel, con un tono de voz muy quebrado, nada relacionado al tono con el que le habló a Raymundo hace apenas unos momentos de que iniciara el ataque de Blazerang.
—Pherp, ¿No apagaste tu comunicador? — Le dijo con cierto tono de enfado y desentendimiento.
Aún así, por esta vez Pherp prefirió ignorar por esta vez al sargento, para dirigirse directamente al hombre que, a su criterio, merecía más respeto por esa vez.
—Cuando el muchacho y yo lo encontramos, estaba con la parca a un lado, él… murió viendo la luna y diciendo su nombre, señor Ángel.
Del otro lado hubo un silencio, que le acompañó de un jadeo que se sentía tan personal, que Pherp pudo sentir las lágrimas del hombre y sintió también un arrebato de frustración al no poderlo ayudar, pero finalmente pudieron observar una figura que saltaba de entre los techos para llegar al callejón.
—¡NOOOOO! — Se escuchó un grito desgarrador que hizo que Pherp se sentara a la orilla del edificio, visiblemente afectado.
—Estas cosas pasan, tú mismo lo sabes, Pherp, ¿Ya olvidaste…
—Mi primera misión, Pherp nunca la olvida, había muchos chicos como el señor Ángel, pocos como el señor Raúl, todos acabaron igual.
—Pero ustedes sobrevivieron… ¿Cómo? — Preguntó volteando a ver a Pherp que miraba como de a poco se subían policías con cuerdas y armaban un perímetro
—El chico, Raymundo, tenía un spray todo negro que nos volvía invisibles, Pherp piensa que es muy listo a pesar de que diga que no pertenece aquí, sino al escuadrón C.
Esto último hizo que el sargento se agachase con Pherp, por primera vez expresando algo más que tranquilidad.
—¿Cómo dices?
—Ah… si, cuando caímos el chico se murió de miedo y dijo que no era del escuadrón del coronel de la Torre y Pherp.
—Sargento, y esto lo tenemos que reportar a Levi… nos va matar Pherp… Espera.
Los policías estaban trayendo el traje de supresión de poderes, era simple, un traje blanco lleno de correas y bandas plateadas, pero la mano de Blazerang se movió y en lo que pareció ser solo tres segundos, una línea dorada salió de su mano recorriendo la fachada del edificio y pintando todo el suelo de las calles, subiendo por los edificios e iluminando el suelo de cada piso.
De la Torre y Pherp miraron atónitos hasta que Blazerang se levantó y abrió los ojos, los cuales estaban del mismo color que la luz que ahora rodeaba todos los pisos de la cuadra, entonces abrió la boca y ¡Bum!
Pherp se abalanzó con Raymundo para protegerlo antes de que todo comenzara a explotar, todos los suelos liberaron energía colapsando y explotando, dejando el suelo inestable y comenzando a derribar los edificios. Incluso Ángel que se encontraba tomando la mano de Raúl y agarrando con fuerza su placa, no pudo salvarse al ser alcanzado por la explosión del suelo que lo arrojó a las afueras de la cuadra, donde todas las personas que veían detrás del cordón policiaco habían sido alcanzadas.
Cientos de personas vieron como varios cuerpos de agentes de la OIPS eran arrojados por la fuerza de las explosiones, así como también eran alcanzados por estas, los policías que acordonaron la zona fueron alcanzados y lo que parecía ser un operativo con público, acabó en tragedia que varios transmitían en vivo y documentaban para el mundo.
Perhp cargó el cuerpo de Raymundo y se arrojó el suelo, esquivando escombros y procurando el bienestar de quien cargaba, corrió hasta llegar a una avenida cruzada, donde pudo detenerse por un momento para apreciar la destrucción que se había causado, el polvo se dispersaba de a poco y de lo que antes parecía ser una cuadra suburbana llena de edificios altos, ahora se veía un escenario lleno de fuego, caos, polvo y destrucción.
Un edificio cercano colapsó, arrojando muchísimo polvo y roca, pero lo que llamó la atención de Pherp fue un letrero con el nombre de la calle, “Avenida Continente de Fuego”.
Raymundo despertó de un golpe, tomando una bocanada de aire y recuperando la consciencia. Al reaccionar vio toda la destrucción causada por Blazerang y se paró entrando totalmente en pánico.
—Mierda no, esto no es putas posible, esto no puede ser.
—Pero muchacho, ¿Qué tiene usted? — Intentó calmarle Pherp, pero este se giró con brusquedad y con miedo le respondió.
—Estuve dentro de la mente de Blazerang, está siendo controlado por MindyBlur.
Fin.